No, no te me derrumbes. Ya te dije que es ley de vida: tú
estás hecha para vivir mucho más tiempo que nosotros. ¿No me has escuchado mil
veces alucinar con la de generaciones que han pisado la catedral, por ejemplo? Pues
tu juegas en esa liga, en la de las generaciones. Y tienes la suerte de que nos
recordarás a todas. Lo que vivas con todas, ya seamos los Leyva Cuesta u otro
par de apellidos los siguientes afortunados en conocerte.
Te lo dije: vas a estar bien y, lo que viene, es muy chulo.
No olvides que he visto el proyecto de la reforma. Vas a dar el salto a la gran
casa que debes ser en el s.XXI y vas a volver a ser el hogar de una familia. Es
una nueva aventura, un nuevo comienzo.
Pero, ¡Tonta!, ¿Cómo me voy a olvidar de ti? He cumplido ya
el medio siglo y, teniendo en cuenta que a los cien no llego ni de coña, puedo
afirmar que has sido mi casa durante más de la mitad de mi vida. ¿De verdad
crees que te voy a olvidar? ¡Pero si toda la vida a tu lado ha sido
inolvidable!
Mi primer recuerdo contigo es en la entrada, aporreando un
coche de juguete de policía de los de rueda loca y botonera; no debía tener más
de dos años. Y, el último, mi cincuenta cumpleaños; Que no ha sido discreto,
precisamente. ¡Y lo sabes! Y no has faltado ni un solo día porque, incluso
cuando no has sido mi casa, has seguido siendo “Los Picos”: un “refugio”, como
te dice Marienca.
¿A mí me vas a contar el miedo que da empezar de cero? ¿Nos
lo vas a preguntar a cualquiera de los Leyva Cuesta? ¡¿En serio?! Pues, ¿Sabes
qué te digo? ¡Qué mola mogollón! Y, de nuevo, lo sabes. En este último viaje
contigo hemos hablado tú y yo del tema: tú ya eres la casa de los nuevos comienzos.
¡Estás curtida de sobra!
Recuerda tu primera vez, cuando los Leyva Cuesta subían a
verte y tú ni siquiera eras más que un desnudo forjado de hormigón: Eras un
sueño. Luego te convertiste en un hogar. Y no en uno cualquiera, no, un hogar
de familia numerosa setentera y ochentera, con cuarto de la costura y todo. Luego
nos viste a nosotros comenzar de cero cuando se murió mi madre. Aprendiste de
nuestra experiencia de familia que se recompone y se reestructura.
¡Sí, ya! Y, luego, te sacaste el máster en divorcios… ¡Me gusta tu sentido del humor!
Pues, ¡Fíjate! Nos has visto levantarnos de nuevo a casi
todos y ya has visto que siempre es para mejor. Así que no tengas miedo, ¿Por
qué iba a ser distinto para ti? (¡Recuerda! ¡¡He visto el proyecto!!)
Mi padre y yo te hemos enseñado a funcionar como un
despacho, ya sabías ser piso de estudiante cuando vinieron las ucranianas, has
sido el techo de nuestros amigos (me acuerdo de Salme, de Justin). ¡Has llegado
incluso a ser una herencia! Súmale a todos esos usos, los cambios de look que también
te hemos ido haciendo en cada etapa y ya me dirás si sabes o no de nuevos
comienzos.
Lo que viene va a estar muy chulo, te lo prometo. ¿Mejor? Me alegro…
Que, ¿Qué me llevo yo de recuerdo de ti? Pues, así, en modo
trascendente, que eres una más de la familia: tú también has tenido tu sitio y
tu misión y, como nosotros, ahora eres tú a quien le toca echar a volar. Por lo
que a mí respecta, ya sabes lo fácil que me resulta tener presente a mi
familia, tanto a los que están como a los que no, así que tú y yo seguiremos
charlando de vez en cuando…
Sí, claro que me di cuenta, no fuiste nada discreta. Llevo
toda mi vida escuchando esos toldos golpear en la terraza con el viento, ¿Crees que no iba a
notar que, el ruido, era completamente distinto? ¿Qué no me iba a dar cuenta de
que, junto con los golpecitos en el cuarto de las niñas, eras tú llamándome la
atención?
Y lo hicimos…
Me di el regalo de pasearte, de comprobar que guardaba recuerdos
de sobra de cada uno de tus rincones, de mi vida con mi familia. En cada
habitación, en cada tiempo… ¡Si hasta te he contado mis sueños delante de mi “rinconcito”
del salón! Ojalá mi nueva casa me abrigue con la categoría con que tú lo has
hecho. Cosas tuyas no le van a faltar.
Volví a disfrutar, como si fuera una vez más, de “mi cueva”,
me di el capricho de tirar de simbolismo y elegir como dormitorio para terminar
el mismo que fue el de nuestros comienzos. Volviste a ser una cocina hasta
arriba de cacharros y una terraza hasta arriba de gente. Volviste a ser una fiesta de tantas fiestas,
pero mi único y especial cincuenta cumpleaños.
Que vayas a empezar de cero no significa que vayas a olvidar todo lo que has vivido, solo vas a vivir cosas nuevas que seguir sumando a tus recuerdos: vas a crecer como nos has visto crecer a todos los Leyva Cuesta durante casi cincuenta años.
Nos tienes en tus paredes como te tenemos nosotros en el corazón. ¿Cómo era eso de si las paredes hablaran? ¿Cuántas cosas podrías contar tú? Pues eso no lo vas a olvidar nunca. Ahí nos vas a encontrar y ahí vas a sonreír cuando compruebes que seguimos juntos.
Y, total, si algún día nos echamos mucho de menos,
tengo contactos de sobra para andurrear por el terrao.




No hay comentarios:
Publicar un comentario